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Marzo 2019

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ASKATUAK CLUB DE BALONCESTO

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  •   Tras una primera parte de escándalo, una segunda en la que todo se venía abajo y un final de matador

Askatuak jugó de lujo (40-15, m20); de desastre después (50-45, m33) y acabó arrollador (69-49, m40)

Askatuak jugó ante un directo rival el que probablemente haya sido el partido más incomprensible de su historia porque cuando todo caminaba con un juego fluido hacia una victoria de escándalo, se convirtió en un inexplicable 'hoy no meto una y me ganan', para terminar recuperando la razón de su juego y destrozar a Unamuno en un final devastador.

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Foto 1
Un recuperado Iosu Olazabal entra a canasta de forma espectacular. Su aportación al equipo mejora a cada partido. (Foto Andoni HUEGUN)

Por Andoni HUEGUN

 

Cafés Aitona: Aitor Alberdi (8), Jaime Bisabarros (4), Ramuntxo Albistur (12), Fernando Mindeguía (13), Josu Olazabal (16), Beñat Arroyo (5), Andoni Linares (5), Oier Almandoz (2), Jordi Llonch (-), Unai Santamaría (-) y Mikel Unanue (4).

Marcador cada 5 minutos: 6-4 (m.5), 20-7 (m.10), 33-12 (m.15) y 40-15 (descanso). 44-30 (m.25), 50-43 (m.30), 55-45 (m.35) y 69-49 (final).

 

Ni sé como se llama ni me importa pero el estado taquicárdico en que llevó al partido uno de los dos colegiados del sábado en Bidebieta es la única explicación que encuentro para entender lo que observamos sobre la cancha con dos rivales que se jugaban el futuro y su ser o no ser en esta Liga.

Porque, como decíamos, Askatuak hizo los 20 minutos más primorosos del año, con todos sus  jugadores centrados, defendiendo con tensión desde el inicio y con una confianza en su juego arrolladora. Fernando Mindeguía colocaba tres triples a Unamuno en un suspiro, Andoni Linares metía otro y saliese quien saliese al parqué se defendía hasta asfixiar al rival, el equipo anotaba con comodidad y Unamuno no supo salir del chaparrón que se le vino encima: estaba perdido.

Así, al descanso, la ventaja de 25 puntos (40-15) era arrolladora. Saltase el que saltase a la cancha por Askatuak defendía, cerraba el rebote y las líneas de pase, robaba balones y se corría contraataque; el único nubarrón que merodeaba el ambiente - un arbitrario joven con afán de notoriedad.

Y es que el responable de impartir criterio y tranquilidad empezó a cercenar el festival de juego local con un rosario de decisiones incomprensibles. Discusiones, técnicas, advertencias y amonestaciones, 'aquí nadie habla ni me habla, o lo echo', parones múltiples, y al final, Oier a la grada, sin que se justificase para nada en el contexto el protagonismo y el grado de tensión  impuesto a la confrontación.

Unamuno supo aprovechar en estas circunstancias la coyuntura -a nadie le amarga un dulce- y con un Askatu al borde de un ataque de nervios, irreconocible con el del primer tiempo, empezó a recortar distancias, con un 2-17 de salida al tercer cuarto, hasta que recorta que te recorta íbamos 40-35, y aún 7 minutos por jugar.

Menos mal que por arte de birlibirloque y con el árbitro por fin fuera del escenario teatral, Askatuak recuperó la calma y un Ramuntxo y un Iosu estelares, y bien secundados ahora por todos los demás, le endosaron a Unamuno un parcial final de 19-4 bastante más coherente con las capacidades mostradas por ambos equipos.

En suma, dos puntos más en la tabla, que superamos a Unamuno también en el basket average -perdimos de 4 en La Casilla- y que alcanzamos con confianza esta fase de la Liga -con todo en juego-.

El domingo, en Leioa, hay que volver a hincar el diente a Askartza.